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28 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE LOS/LAS SASTRES

La posesión de un título de maestro sastre obtenida en otra villa no era suficiente por sí misma para ejercer el oficio y vender las prendas confeccionadas, como le sucedió a Martin Ortlz de Arachavaleta que en 1.626 residía en San Sebastián después de haber ejercido como maestro sastre desde los 18 años en Granada, Sevilla, Murcia, Valencia, entre otros lugares.
Al querer ejercer su profesión de sastre jubetero, es decir el que hacía jubetes (vestidura de piel que se ajustaba al cuerpo a modo de chaqueta y con malla de hierro) y calcetero solicitó al alcalde donostiarra que le examinara por la cofradía de San Antonio, que es la que contaba con un Privilegio Real.
Los tres veedores y examinadores elegidos anualmente a petición del alcalde examinaron a Martín Ortiz de Arachavaleta haciendole preguntas relacionadas con su oficio, así como haciéndole trabajar todo lo cual superó felizmente a juicio de los examinadores que apreciaron que "sabía cortar, obrar y acabar todo género de prendas" considerando que se le podía dar la licencia. El alcalde tras el informe de los examinadores dió la licencia para que el citado Martín en lo sucesivo pudiera ejercer como maestro sastre jubetero .
  Los sastres se han inicia­do tradicionalmente en el oficio desde casi su niñez primero como recadistas, después como aprendices y más tarde a medida que iban adquiriendo los conocimientos y las habi­lidades necesarias en el oficio como oficiales y maestros.
Estos maestros tomaban aprendices para que les ayudaran en el trabajo, haciendo labores sencillas, con baja remuneración, a cambio de enseñarles la profesión. La primera tarea era la de pasar hilos y "picar" solapas y cuellos, al objeto de endurecer la zona, colocando refuerzos entre la tela exterior y la interior, uniéndolas por pequeñas puntadas en toda su superficie. Con esta labor "cogían mano" y rapidez.
Dominado este trabajo pasaban a hacer "liguetas", tarea de aprendiz adelantado, consistente en colocar, cosiéndola a mano, una especie de cinta que tapa los cantos de la tela. Aunque actualmente se utiliza la ligueta adhesiva, la cosida a mano se considera como un indicador de prenda bien hecha. La siguiente actividad (hilvanar o ir poniendo en posición y sujetando una con otra la tela exterior y la entretela o interior, pasando unos hilos entre ellos) ya presentaba mayores dificultades y requería alguna experiencia.
Según avanzaban en el conocimiento del oficio los aprendices pasaban a la categoría de oficiales, ocupándose entonces de otras labores más complejas como forrar las piezas y el remate de la tapa, así como el cosido de las mangas, hombreras y piezas similares.
Hasta los años cincuenta, los aprendices debían acudir al taller llevando su propio dedal, tijeras y pequeña banqueta, pasando a partir de esta fecha a aportar sólo las tijeras y el dedal.
Taller de sastrería
Taller de sastrería en 1922 (Fototeka Kutxa).




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